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La iglesia de Madriguera y las casas de su alrededor, con un prado delante y los cerros de tierra roja detrás, en 1974

Del Terciario a hoy

De dónde sale el rojo

El color de Villacorta y Madriguera es hierro: el de la roca que se conoce como «brecha Madriguera», y el que Madoz llamó almagra.

Estos pueblos se llaman rojos por el color de sus paredes, y ese color tiene nombre: hierro.

Lo que hay debajo

Debajo de Villacorta y de Madriguera no hay una sierra de roca: hay conglomerados, limos, areniscas y arcillas del Mioceno, el relleno que fue colmatando la cuenca al pie de la sierra. Piedra suelta que el tiempo cementó. Es lo que el Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana llama los «conglomerados ferruginosos» con los que están hechos los pueblos rojos, y lo que ya se contaba en los pueblos de barro. A menos de quinientos metros de Villacorta, además, afloran los limos rojos.

La roca roja tiene nombre propio entre geólogos, aunque informal: «brecha Madriguera», trozos de pizarra y cuarcita cementados con hierro. El mapa geológico oficial no la separa del resto del conglomerado; quien la ha seguido sobre el terreno, el geólogo Sergio Raúl Durán Laforet, cuenta que Madriguera se asienta en parte sobre ella y que de sus canteras, pequeñas y de pueblo, salió la piedra de la mayoría de sus casas.

Por qué es rojo

El Instituto Geológico y Minero lo explica en su mapa de la zona. Alrededor de Madriguera y de El Negredo registra indicios de óxidos de hierro, y los atribuye a una alteración de la roca en el Terciario, que dejó costras ferralíticas.

Dicho sin palabras técnicas: es el tipo de alteración de los climas cálidos y lluviosos, en la que el agua va lavando la roca, se lleva casi todo y deja el hierro. Y el óxido de hierro tiene el color que todo el mundo conoce, el de la herrumbre.

Hay otra explicación, más reciente y hecha sobre el terreno. En su trabajo de fin de grado en Geología (Universidad Complutense, 2021), Sergio Raúl Durán Laforet cartografió la brecha, midió sus fracturas y analizó con rayos X en el laboratorio del IGME el mineral de hierro. Sus conclusiones no encajan ni con la alteración del clima ni con la idea, que también circulaba, de que fuera la costra oxidada de un yacimiento enterrado. Propone que el hierro subió: aguas calientes y profundas que, por las fracturas, atravesaron las pizarras negras, se cargaron del hierro de sus piritas y, al encontrarse cerca de la superficie con el agua fría del subsuelo, lo dejaron en la base de la brecha, en vetas, en goterones como estalactitas y empapando la piedra. La misma agua habría convertido las pizarras de alrededor en alunita: por eso el hierro y la alunita aparecen siempre juntos.

La cuestión no está cerrada. Un artículo del Boletín Geológico y Minero (Leal y Lillo, 2009), que estudió las cortas de Madriguera y de El Negredo, también ve en la zona aquellas aguas calientes, pero cree que el hierro de las brechas llegó después: el agua de la superficie lo fue sacando de la roca alterada y lo dejó entre los cantos al depositarse. Tres explicaciones, y cada una con sus razones.

La misma huella se ve en el valle del Aguisejo. En la discordancia de Santibáñez, las pizarras que quedaron debajo de los sedimentos terciarios están, según el mismo instituto, «con una fuerte alteración de color rojo-violáceo». La pizarra es negra; lo que la pone roja es lo que le pasó encima.

La almagra

En Villacorta, Madoz lo anotó en 1849 con la palabra de entonces: en su término había «algún mineral de almagra». La almagra, o almagre, es óxido de hierro, el pigmento rojo de toda la vida. Y de otra forma de esa misma palabra, almazarrón, sale el apodo de los vecinos: mazarroneros. Está en los apodos de los demás pueblos.

Que se puede moler y sacarle el color no es teoría: está en la mesa donde se muele el color, y la tierra, en el pigmento de Villacorta.

El hierro que se sacó

El hierro de esta tierra no solo colorea: se sacó. Madoz lo anota en 1849 al describir el partido de Riaza: entre los minerales que más se extraían estaba «el hierro en Becerril y Madriguera, que se conduce en bruto para forjarse en la nueva fáb. de Somolinos á 6 leg. de dist.», la ferrería de Somolinos, ya en Guadalajara. Por la misma época, cuenta el ingeniero Milans del Bosch en 1920, hubo una forja catalana en el molino de la Ferrería de Villacorta, y por los alrededores de El Muyo y de Martín Muñoz abundaban las escorias de forjas antiguas.

Lo que nunca llegó fue la mina grande. Milans dibujó en su plano unas veinticinco concesiones de hierro en el partido, y aun así concluyó que el mineral, con algo menos de la mitad de hierro, «no puede ser objeto de verdadero aprovechamiento industrial»: la estación más cercana era la de San Esteban de Gormaz, a cuarenta kilómetros. En 1948 un informe del Instituto Geológico y Minero volvió a mirarlo, con el ferrocarril de Madrid a Burgos a medio hacer, y tampoco lo dio por bueno: la calidad del mineral, dice, no estaba bastante reconocida para levantar una fábrica.

En Madriguera y El Negredo hubo además otra minería, más reciente. Ya en 1948 había una concesión de caolín junto a Madriguera, y en los años setenta la empresa Mina Pilar abrió cortas de alunita, que se quiso aprovechar como mena de aluminio. El Instituto Geológico y Minero la estudió entre 1973 y 1975 con más de cuarenta sondeos, los resultados fueron «decepcionantes por completo» y aconsejó abandonar. Las cortas siguen ahí, en El Negredo y en la carretera de Madriguera a El Muyo: Corta Grande y Corta Chica, o Pequeña, según quién la nombre.

Lo que el mapa no dice

El mapa dice qué había y dónde. No dice de qué cantera salió la piedra de cada casa, ni dónde se cogía la almagra. Eso lo sabe quien lo vio hacer. Si en tu casa se contaba, o sabes el sitio, cuéntamelo.

Los pueblos de esta historia

¿Sabes algo de esto? Lo que hay escrito sale de fuentes públicas, y lo que falta está en la memoria de la gente de estos pueblos. Cuéntanoslo .

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Foto: LBM1948 · CC BY-SA 4.0 · Wikimedia Commons